martes, 18 de octubre de 2011

Querido amor:


Hoy quiero escribirte de un futuro, de un destino, de una certeza, de un amor grande, contarte cosas menos nostálgicas, pensar que hay un tiempo para nosotros que ya hay un espacio para amarnos y 
olvidar tanto tiempo separados.

Hay un lugar que nos espera, donde no se extingue la noche sin nuestro beso mutuo, beso correspondido, donde no hay inviernos contra ti, ni contra mí, sólo el calor de un amor que creció en las astillas de la distancia y floreció entre madrugadas nuevas.
A ese lugar llevaremos todas las cartas que hablan de nosotros, todos nuestros recuerdos, todas esas noches que nos soñamos para no extrañarnos; tú sabes de lo que hablo, pero ya casi puede distinguirse un solo rumbo, un sendero por donde veremos tú y yo los mismos colores, los mismos lugares.
Llamemos a ese lugar nuestro destino, destino que un día giró a nuestro favor y nos dio la oportunidad de estar juntos, yo te amé desde entonces, desde la noche que coincidimos, o desde antes te amaba, y sólo faltaba encontrarte…
 A alguien como tú no se deja de amar una vez que se le ha conocido, alguien como tú siempre se busca, se sueña, siempre se tiene la ilusión de encontrarle, conocerle, amarle, y cuando se encuentra un amor como el tuyo, se tiene la confianza de que no hay dulzura mejor, ni regalo mejor, ni meta mejor, ni premio mejor.
Mi amor, recuerda:
Nunca estuvimos distantes, ni por un mar entre nosotros. Estar cerca de ti es ahora mi mejor destino y no lo cambio por otro, sólo quiero vivir con un amor como el tuyo, vivir a tu lado y junto a nuestras cosas y todos esos sueños que cabían en nuestros ojos lejanos. Recuerdo todas esas veces que llenaste de ilusiones mi camino para no dejar de andar, recuerda tú, todos esos instantes caminando de la mano, hablando de promesas, promesas por cumplir… hoy la única que se cumple es que te amo, y te amaré siempre. 
Cada vez que cambié mi rumbo fue para acercarme a ti, ahora estaré para acompañarte cuando sientas que el mundo es distante, para escucharte cuando llegue tu sensibilidad, para apoyarte cuando quieras realizar algo, porque sólo haces cosas hermosas. Un rostro de Dios que no conocía encontré en ti, ese mismo Dios que regala bendición a los que aman, cada mirada dulce tuya me recuerda que amar debe ser un regalo del cielo que llega a la tierra, y que debe rescatarse y cuidarse.
Rescatemos también los besos que no llegaron a nosotros y se quedaron en el mar, si acaso están en el cielo dejémoslos ahí, alguna razón tendrán para haber permanecido ahí en los días en que el sol fue muy pequeño para nosotros, había mucho de ti por ese entonces.

No hay comentarios:

Publicar un comentario